Mejor que sobre que que falte

No hace mucho me trajeron un portátil al que el Open Office 3.0 le hacía cosas raras. Al final no tenía nada; sólo una mala configuración, pero en los minutos que lo estuve mirando me di cuenta de una cosa que me llamó bastante la atención: la dueña del portátil tenía instalados, además del ya mencionado Open Office, el MS Office 2007, pirateado, of course, y una copia, supongo que legal (tenía pinta de venir preinstalado en el portátil) del MS Works.

Y ahora, la pregunta: ¿para qué puñetas tenía esta criatura no una, sino TRES suites de ofimática? Si es con una, y hay opciones que la mayoría de usuarios no utilizamos nunca, ¿para qué tener más?. Luego, cuando la gente se queja de que “se les llena muy rápido el disco duro”, comprendes muchas cosas. Con el espacio que se ahorraría –por no hablar de la mejora en el rendimiento– si la gente instalara sólo los programas que va a utilizar alguna vez. Pero se ve que eso de coger el CD regalado en la revista de turno e instalar absolutamente todos los programas que trae, nos sirvan o no, tiene una erótica especial que soy incapaz de apreciar.

“Es que me encantan estas cositas”

A veces me da por pensar que algunos se merecen tener problemas con el ordenador. Por burros.

Hace unos meses coincidí con una compañera del insti a la que no veía desde hacía varios años. Tras el intercambio de informes sobre cómo nos había ido la vida en todo este tiempo, me invitó a su casa a tomar un cafelillo. Hasta ahí, normal. Lo interesante vino cuando me presentó a su marido, un tipo con cara de buena persona pero que, nada más verlo, se notaba que debía de ser un luser cum laude.

No habían pasado ni veinte minutos cuando veo que el buen hombre se pone a trastear con un portátil. Al ver la expresión de su cara, parecida a la que tendría un neurocirujano ante una operación particularmente difícil, le pregunto qué le pasa al trasto. “Es que tiene un virus”, me dice. Yo, que en el fondo soy un cachito de pan, me ofrezco a echarle un vistazo al ordenador, a ver qué apaño tiene. Craso error.

Lo primero que veo es que tiene abiertas varias ventanas del Internet Explorer, que muestran cuatro barras extra diferentes, a saber: MSN, Yahoo!, Google y otra más que no recuerdo. Le digo que, hombre, cómo se le ocurre, si esas barritas en apariencia tan prácticas son un coladero de malware, y que, en todo caso, bastaba con instalar una; no cuatro. Con la respuesta que me dio se me despejaron todas las dudas: “Es que me encantan estas cositas”. Ya, pero seguro que tener el ordenador como una fosa séptica no te encanta, jodío. Aparte, que no sé qué utilidad pueden tener cuatro barras ocupando sitio en la ventana del navegador, que te dejan un espacio enano para ver los contenidos. Le comento también que el Internet Explorer no destaca por su seguridad y le recomiendo que use otro navegador, como el Firefox, pero me contesta que “ya, si me han hablado de él, pero por no ir contra lo establecido”. A estas alturas me dio por pensar que qué neurona se le había fundido a mi ex-compañera de instituto para casarse con semejante pánfilo, porque como fuera para todo igual, apañada iba.

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Nnnnnno, esa no es la idea.

Pero eso no era lo peor. Cuando voy a pasarle el antivirus para ver si se podía eliminar lo que fuera que tuviera ese portátil, veo que el que tiene instalado es un Panda más pirata que Barbarroja, y encima caducado desde hace semanas. A eso se le sumaba una bonita colección de programas variados, desde el Nero al Photoshop, todos eMule Edition, más una carpeta “Mis Documentos” repleta de powerpoints y chorraditas enviadas via email. La carpeta del correo dejaba de manifiesto que éste es de los que abren todos los mensajes que le llegan, incluso los de spam más evidente.

Ante semejante panorama, le digo que lo mejor es que quite ese antivirus pirata y le ponga otro -le recomiendo el Avira o el Avast, que son gratuitos-, que le instale también algún programa antispyware y que lo pase regularmente. Incluso me ofrecí a dejárselo apañado en un momento, pero nada; sólo me contestó que sí, que ya lo haría, pero no pareció muy convencido. Claro, todos esos cambios supondrían “ir contra lo establecido”, y eso no está bien.

No sé qué habrá sido finalmente de ese portátil, pero me temo que seguirá de bichos hasta las trancas. No, no me lo temo, estoy segura: hace poco recibí un mensaje remitido por este muchacho, pero escrito en inglés de los montes y ofreciéndome no sé qué. Le escribí, diciéndole que tenía un virus de ésos que reenvían el correo a todos los contactos, que lo quitara, pero no he vuelto a tener noticias suyas. Igual es que el ordenador ha decidido saltar por la ventana, de pura desesperación. Animalito…

De estreno

Como buena aficionada a la informática, y en especial a la parte de “cacharreo”, me he encontrado más de una vez y más de dos con amigos o conocidos que, en algún momento, me han pedido que les solucione alguna papeleta derivada de su quehacer diario con el ordenador. No soy ni de lejos una experta, pero el que hasta ahora mis misiones hayan sido fáciles de resolver ha hecho que mucha gente me tome por una especie de maga de los PCs. No me quejo; gracias a esa fama conseguí mi actual trabajo. Pero a veces me encuentro con situaciones de ésas que hacen que cualquiera con unos conocimientos mínimos de ordenadores se tire de los pelos: gente que no sólo se instala todo lo que encuentra, sino que además tiene el antivirus pirata y caducado; fallos garrafales cometidos por alguien que simplemente no se leyó un mensaje de error; lanzados que creen que para desinstalar un programa basta con borrar la carpeta correspondiente… Personas, en fin, que no se convencen de que para usar bien un PC hay que aprender a hacerlo primero, al menos las operaciones más básicas, porque no es como un botijo, que es nada más que cogerlo y hala. Pues ésos son los que siempre me llaman y me endosan el marrón con la frase: “A ver, tú que entiendes…”

Por ellos empiezo este blog. Y ya iré contando cosillas. 😉