A veces aprenden, y todo

Hoy me he estado acordando de cómo conseguí mi primer portátil. Y cómo, además, alguien de mi familia aprendió a utilizar un PC con un mínimo de corrección.

Hace algunos años, uno de mis tíos se compró un portátil nuevo y le regaló el antiguo a mi tía. Se trataba de un Toshiba Satellite del año 2001, que venía con Windows ME preinstalado. Mi tía nunca había manejado un ordenador y pensó que tenía una excelente oportunidad para aprender. Así que contrató su acceso a internet, compró una mesita especialmente para el cacharrete, y me invitó a merendar para que se lo dejara todo montado y configurado y le explicara lo básico. De paso le creé una cuenta de correo, le instalé un antivirus y le hablé de las normas más elementales de seguridad, actualizaciones del programa incluidas. Ella tomó nota de todo, para que no se le olvidara, y se quedó la mar de contenta. Y así un tiempo, en el que me contaba lo encantada que estaba con el invento, que si se había metido en varios foros de cocina, que si la de gente que se conoce… hasta que, un par de meses después, me dice que este portátil está ya muy viejo, que no funciona bien y que se va a comprar otro más bueno, y así lo hace. Total, que otra invitación a merendar (yo encantada, ¿eh?) y puesta en marcha y configuración del portátil nuevo. Se lo dejo funcionando y con su antivirus y su programilla antispyware, y todo. Y, ya que estaba allí, saco el portátil antiguo y lo pruebo, a ver qué le pasaba. Efectivamente, el pobre estaba fatal: tardaba la tira en arrancar, iba lentísimo, se abrían ventanitas misteriosas y hacía unas cosas muy raras. Tan raras que le dije a mi tía que me lo iba a llevar a casa a mirarlo con más detenimiento.

“Sí, llévatelo, y si lo puedes arreglar, te lo quedas”, me dice.

Total, que me volví a casa con el pobre trasto. Lo primero que hice fue conectarlo a internet para actualizar el antivirus y pasárselo, porque eso olía a infección desde lejos. Y cuál no será mi sorpresa cuando veo que aquello no se había actualizado desde que se instaló. “Huy, huy, huy, qué mala pinta tiene esto”, pienso. Y tan mala: catorce; sí, catorce virus detectó el AVAST, más un chorro de spyware, adware y demás cosas chungas terminadas en ware que os podáis imaginar. Al iniciar el navegador veo que tiene instalada una sospechosa barrita que no recordaba haber visto antes, y que hay un montón de iconos repartidos por ahí que no me sonaban de nada. Total, que copia de las fotos de los sobrinos y formateo total del aparato, seguido de una llamada telefónica a mi tía:

-Oye, que esto tenía catorce virus y un montón de basura.
-¿Virus? ¿Pero cómo va a ser eso, si el antivirus no me ha avisado de nada?
-Pues a mí me ha pedido ayuda a gritos. ¿No te salía ningún mensaje cuando lo pasabas?
-¿Pasarlo?
-Sí, ponerlo en marcha para que analice el sistema (huy, huy, huy, que me temo lo que ha pasado aquí).
-Ah, nooo, si yo creía que bastaba con tenerlo instalado y que lo hacía todo automáticamente.

Y ahí estaba el problema. Como “tenía el antivirus instalado”, mi santa tía pensó que no hacía falta nada más, y así se le había colado de todo en el ordenador. Porque ésa era otra: contra los consejos que le había dado, ella había pinchado en todos los banners de publicidad que le habían hecho gracia, además de darle a “aceptar” en todas las ventanas que le salían. Consecuencias, las antedichas.

Le volví a insistir en las normas de seguridad, en que se apuntara en la agenda “pasar el antivirus” una vez por semana como mínimo, y que lo mantuviera actualizado. Y tomó buena nota: su nuevo portátil no le ha dado ni un problema, y cada vez que he ido a su casa le he echado un vistazo y está de lo más limpito y funcionando a pleno rendimiento.

En cuanto al viejo Toshiba, estuve utilizándolo una buena temporada hasta que me compré el portátil nuevo. Pero hace unos meses decidí rescatarlo del olvido, así que lo formateé por completo y le instalé una mini distribución Linux (en concreto, Puppy Linux, versión 0.41). Y funciona; vaya si funciona. Como que lo tengo como PC auxiliar para navegar por internet y mirarme el correo cuando tengo al bueno ocupado con el Half-Life 2. 😉

pcviejuno

El valiente Toshiba Satellite, con su procesador Intel Celeron Coppermine, sus 64 MB de RAM y sus 6 GB escasos de disco duro, funcionando como un campeón con Puppy Linux.

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8 comentarios

  1. Esos toshiba salieron duros como una roca. Yo creo que mejor que los más recientes. Claro que como no tiene cam, ni otras historias la gente no mira ni para ellos. 🙂

    Quizás sería mejor para tu tía configurar el antivirus para que haga un escaneo automático cada x tiempo. Así no se tiene ella que preocupar por pasarlo, y no se le olvida. 😉

  2. Si el caso es que se lo configuré así, pero luego me dijo que lo quitara, que si no sabía si a las horas que se lo ponía lo iba a tener encendido, que no le gustaba dejárselo en marcha solo… Las cosas de las personas mayores, vaya. 😉
    Y con lo de la resistencia de esos Toshiba, completamente de acuerdo. Ese trastito es un auténtico tanque, y ahí está, funcionando (casi) como el primer día.

  3. avast! incorpora una función de escaneo cuando está funcionando el salvapantallas, no sé si te será útil ya que si tu tía lo apaga cada vez que no lo está usando no dará tiempo a que se active nunca, pero es una función bastante buena que te recomiendo probar, igual te viene bien para otros amigos.

  4. Sí; de hecho la he utilizado en alguna que otra instalación en casa (tenemos cuatro ordenadores, cada uno de su padre y de su madre). Tomo nota para cuando me toque ir a desinfectar algún PC. 😉

  5. … pobrecillo 🙂

    Por unos 10 € te compras en Ebay un chim sodimm sdram de 128 Mb, con lo que, como minimo, tendrás 196 Mb de Ram, una cantidad bastante digna; dependiendo del modelo de satellite puede tener dos slots libres.
    Y te lo digo con conocimiento de causa: soy el feliz poseedor de 4 Toshiba Satellite del 2000-2001:
    K6II@400-160 Mb Ram – Celeron@366-192Mb Ram – PIIm@366-192- Celeron@600-320Mb Ram:
    De los cuales me regalaron 3, 1 por rotura fisica de la pantalla, dos por “muerte natural” de la pantalla (eran DTSN Dual Scan, una tecnología barata con todas las consecuencias del concepto), y otro que me compré por Ebay. A todos les he aplicado el concepto “ram a tope”, y estoy muy contento.

    Que si són duros? El Celeron@366 lleva 4 años haciendo de servidor en una lan domestica, sirviendo archivos, impresora e internet. El Celeron@600, año y medio, de tareas similares, y el k6 lo estoy preparando. Y tran feliz, vaya.

  6. Si es que cuando un ordenador sale bueno, sale bueno.
    Yo estoy muy contenta con el “abuelillo”, aunque en cuestión de prestaciones ya no pueda competir con los PCs modernos. Pero, ya ves, con una distro de Linux ligera, va como un tiro. Y si, además, como has hecho tú, le subes la RAM, ya está hasta para sacarte de un apuro.
    Tomo nota del consejo, y enhorabuena por esos cuatro campeones. 😀

  7. También hay que decir que lo que suelo hacer con los ordenadores es siempre a nivel ofimatico; vamos, que casi ni video veo con ellos…

    Mi “ordenador principal” en un Dell Inspiron, PIIIm@866 con1 gb de Ram; el que uso en la Universidad un Dell Latitude L400, PIII@700/256 Mb Ram (por motivos de peso). Y tan feliz. Mis compañeros (y los alumnos) quedan alucinados con equipos tan “rabiosamente obsoletos”, pero yo, mientras den el servicio, no los pienso cambiar (bueno, si me regalan otros más potentes, puede 🙂 )

  8. Es que ahora hay una especie de obsesión con los “números grandes”… Venga, cuantos más gigas de RAM, más gigas (o teras) de disco duro y más potencia de gráfica, mejor… y la mayoría de usuarios usa el PC sobre todo para navegar por internet, ofimática y, si acaso, algún juego. En realidad, mucha gente pasaría la mar de bien con un PIII.
    Ya digo, mi “abuelillo” campeón, para estas cosas, va estupendamente. 😀

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