Calenturas

Me estoy acordando de una situación absurda que vivimos mis compañeras y yo en el trabajo hace algunos años. Parte de nuestra tarea consistía en digitalizar una serie de documentos antiguos con un escáner a tal efecto. Y no estoy hablando de un escáner normal y corriente, como el que podemos tener cualquiera en nuestra casa; se trataba de un mamotreto enorme, del tamaño de una mesa de comedor, conectado a un PC sin muchas pretensiones en el que se procesaban las imágenes una vez capturadas. Dado que las imágenes se guardaban sin compresión, en formato tiff, ocupaban una burrada, por lo que el PC contaba con tres discos duros: uno normalito, donde iba el sistema operativo y el software de digitalización, y dos de mayor capacidad para almacenar las fotos.

El caso es que la tarea de escanear, tediosa de por sí, se nos hacía muchas veces cuesta arriba por los continuos cuelgues del programa y por las veces que, a pesar de nuestros esfuerzos, las imágenes salían defectuosas. Se lo comentamos a los responsables -y dueños del cachivache-, que por algo eran los técnicos, y nos dicen: “Eso es que el ordenador se recalienta; quitadle a la torre uno de los laterales para que se refresque”. Así lo hicimos, y entonces fue cuando comprendí un par de cosas. La caja del PC, modelo baratero, albergaba una pesadilla en forma de cables sin apenas sujeción, formando una maraña por la que era difícil que circulara el aire. La refrigeración corría a cargo de un ventiladorcito minúsculo situado en la parte trasera, que hacía heroicos esfuerzos por mantener una temperatura de trabajo adecuada. Pero lo peor era cómo estaban colocados los discos duros. Como no había sitio para los tres, habían dejado uno de ellos suelto, colgando del cable IDE y haciendo de “puente” entre los otros dos, debido a las apreturas de la caja. No era de extrañar, entonces, que el programa nos diera error a cada momento.

Nueva llamadita a los técnicos a decirles que si eso no tendría mejor apaño. Respuesta: que lo dejemos, que “a ellos les funciona bien así”, y que ajustemos la velocidad del escáner para que vaya más lento y al PC le dé tiempo a procesar la información. Toma ya.

Pero es que para todo eran igual. Posiblemente el montaje “creativo” de este ordenador tuviera también que ver en que, con más frecuencia de la que sería de desear, nos saliera al arrancar el temible error “Falta NTLDR, presione CTRL+ALT+SUPR” y, lo peor de todo: que llamáramos a los técnicos y encima nos preguntaran que “eso qué es”. ¿Le extraña a alguien que, el día que se llevaron la máquina, casi diéramos saltos de alegría?

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3 comentarios

  1. Si es que hay cada cacharro por ahí suelto que cuando lo abres asusta. Pero casi asustan más sus responsables, si, jeje.

  2. ¿Responsables? Irresponsables, más bien.

  3. La empresa que nos montó el escáner no es específicamente de informática, pero tiene narices el nivel de los “técnicos”. Como para haber tenido una avería gorda…
    Y porque no me paré a mirar detalles, que si no seguro que hubieran aparecido más horripilancias (del tipo de barbas a lo ZZ-Top en el disipador de la CPU, y cosas así).

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