“¡Que lo ha formateado mi hijo!”

En la entrada anterior comentaba algo sobre la conveniencia de tener siempre copias de seguridad de todos nuestros archivos importantes. No es cuestión de “si nos va a fallar el ordenador”, sino de cuándo nos va a fallar.  Por eso hay que estar prevenido, y no fiarse de nuestros cacharritos por mucho cariño que les tengamos, porque en cualquier momento nos pueden hacer de las suyas.

Hace algún tiempo me llama mi MVM (Muy Venerable Madre) y me dice que si puedo llegarme a casa de mi tío Enrique, que tiene que presentar no sé qué cosa del trabajo para ya mismo y que se le ha estropeado, o algo así. Temiéndome un marrón de los gordos, quedo con mi tío, cojo el pendrive de las “herramientas” y me voy para su casa. Y, efectivamente, el problema era de alivio: una presentación en .pps que había hecho se había “comido” varias de las diapositivas, y aquello no aparecía por parte alguna. En vista de la situación, le pregunto si llevaría mucho tiempo volver a hacer esas diapositivas con las fotos y los textos que tuviera en el disco duro, pero me dice que eso “es imposible”. Y es imposible porque esa presentación la había pasado a su portátil desde un PC antiguo -antiguo no; paleolítico– que ya no estaba operativo, y que no había grabado las fotos ni los textos ni nada.  “Pues mal hecho”, le digo, recordándole que nunca está de más tener un par de copias de las cosas, que luego pasa lo que pasa. Afortunadamente, veo que todavía tiene el PC por allí desmontado.

-Bueno, vamos a poner el ordenador antiguo en marcha y grabamos lo que sea de ahí.
-¡No, si no se puede!- me contesta. -¡Que lo ha formateado mi hijo!

Eso es eficiencia, sí señor. Lo primero que habían hecho con el PC viejo, había sido formatearlo por completo. Pero, por suerte, allí estaba yo con una copia del Easy Recovery en el pendrive. Ahora, lo que necesitaba era ese disco duro formateado, y otro PC al que conectarlo para recuperarle los datos. ¡Sorpresa! No había más PCs de sobremesa; sólo dos portátiles: el de mi tío y el de mi primo “el lanzado”. Solución: sacar el disco duro, llevármelo a mi casa (vivo cerca) y montarlo como esclavo en mi ordenador “del taller”. Y cruzar los dedos para que la presentación estuviera sana y salva.

Pongo en marcha el programa, le digo que recupere todo lo que pille y me armo de paciencia, que esto va para largo. Un minuto. Dos. Tres. Cinco. Veinte. Pues sí que tenía cosas este cacharro. Veintidós. Ya queda menos. Ya está. Me voy de cabeza a mirar qué ha podido recuperar el programa y, de eso, cuánto estaba entero. Muchos ficheros, la mayoría, me los encontré corruptos. Pero algunos, los más recientes, se habían salvado de la quema. Entre ellos, la presentación de Powerpoint. ¡No veáis la alegría que me dio encontrármela entera, con todas las fotos que se habían volatilizado! La grabé en mi pendrive y también en un CD, no se fuera a perder. Desmontaje del disco duro y vuelta a casa de mi tío con una sonrisa de oreja a oreja. Ni os tengo que contar la ilusión que le hizo recuperar la puñetera presentación. Enseguida la copió en su portátil y me dio las más efusivas gracias.  Nueva misión cumplida y otra medalla para el uniforme.

¿Final feliz? ¡NO! ¿Qué os creéis que pasa el día de la exposición del trabajo? ¡Que las diapositivas perdidas habían vuelto a desaparecer! A día de hoy ni mi tío, ni mi primo el prisas, ni yo ni Iker Jiménez tenemos la respuesta. Sí una terrible sospecha: que, por hacer copias a lo loco para que el .pps no se volviera a perder, sobreescribieron la presentación “buena” con la “defectuosa”. Y no, no había más copias. ¿Para qué? 😐

boom

Porque nunca se sabe qué nos tiene preparado el PC... ¡Copias de seguridad, por Zeus!

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4 comentarios

  1. La de disgustos que se ha llevado alguna de mis usuarias cuando han perdido documentos importantes de word que no se han podido recuperar y que les había llevado mucho esfuerzo hacer! Se pasa mal las primeras veces cuando les tienes que dar el “pésame”.

    En cambio, en una ocasión, una mujer nos llamó casi llorando por un archivo que había perdido, y ver su cara de alegría luego cuando pudimos recuperarselo… no tiene precio! 🙂

  2. Por experiencia ajena y propia, que no nací sabiendo, no me canso de repetir que, especialmente de los ficheros importantes, hay que hacer copias. Y hacerlas *en otro medio distinto*, que no sería la primera vez que alguien me dice que “tiene un backup de todo” y resulta que está en el mismo disco que se le ha escacharrado.
    Luego pasa lo que tú dices: recuperas algo y te ponen una cara que parece que les has salvado la vida. Y eso significa más publicidad, más clientes (o pringuers, dependiendo de si eres profesional o pringadillo how-to), y más material para contar anécdotas mil… 😉

  3. Yo en casa todo por triplicado en 3 discos externos. 2 de ellos mensuales, y el otro normalmente semanal, sin contar la copia del 2º disco interno.
    Llamadme paranoico, pero cuando se me estropeó el PC hace mucho tiempo y perdí TODOS los datos me dije a mi mismo que el GB está barato en estos tiempos.

    PD: Peliculas y música no son importantes para mi. Lo son los trabajos, apuntes…. aujnque al final haga copia mensual de todo.

    Fdo:TecnicoAnonimo.

  4. Yo todas las semanas hago una copia de mis ficheros, sean importantes o no, en un disco externo. De los ficheros más importantes, sobre todo los del trabajo, guardo también una copia extra en un pendrive. Es que, cuando alguna vez te ha pasado que has perdido todos los datos, vas con pies de plomo y si hay que hacer veinte copias de algo, se hacen. 😉
    Lo malo es cuando la gente se lleva estos malos ratos y sigue sin aprender…

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