Mis “niños”

El día que tanto ansiábamos (y que tanto temíamos) ha llegado: al trabajo nos ha llegado una carretada de equipos informáticos, todos toditos para mí. Bueno, en teoría *uno* es para mí, y el resto para mi compañera de penas, para mi jefe y para la clientela a la que se supone deberemos atender. Lo de que son “para mí” lo digo porque… a ver si adivináis quién se va a hacer cargo de que todo marche como es debido y de resolver las dudas que se vayan presentando.

Ni que decir tiene que esto va a ser una fuente (casi) inagotable de anécdotas, lo cual, por otra parte, tampoco va a venir mal para paliar un poco la sequía de entradas que sufre este blog.

Ya iré contando a qué nuevos horrores me tengo que enfrentar (sobre todo, teniendo en cuenta que la mayoría de personal que venga serán de todo, menos expertos en informática).

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…Y seguimos con el escáner

Hace unos años alguien me dice que voy a acabar echando de menos la antigua máquina de digitalizar y me río en su cara. Pero ya se sabe lo perra que es la vida, y la máquina nueva que nos han traído es el claro ejemplo de que “más moderno” no significa “mejor” ni “más rápido” ni “más cómodo”.

Si bien con el mamotreto que teníamos antes acabábamos con contracturas hasta en las pestañas, al menos podíamos trabajar sentados y el proceso era más rupestre, pero también más rápido. Sobre todo cuando se cogía práctica. Era fácil: colocabas el documento, lo rodeabas con un marco arrastrado con el ratón, le dabas al “enter” y zasca, documento guardado en el PC. Cero al cociente, y se baja la cifra siguiente. Ahora no. Con esta nueva maravilla tecnológica, el proceso no sólo es más complicado, sino también infinitamente más lento, y como salga algo mal, repetirlo es un auténtico suplicio chino. Antes podíamos tener digitalizados doscientos documentos en una hora; con la nueva, si llegamos a treinta ya es un logro. Que saldrán muy bien de calidad, no te digo que no, pero la exasperante lentitud, la incomodidad de la postura y la de veces que nos toca repetir algo que no ha salido bien porque el “automático” te trastoca más las cosas que te las arregla, hacen que lo que antes era un trabajo que se hacía sin muchas complicaciones y hasta con gracia, ahora es lo más desmotivante del mundo. Y no es que tengamos ya mucha motivación.

Al menos, el ordenador que nos han traído es nuevo y no está dando -por ahora- muchos problemas. Sólo faltaba tener que abrirlo cada dos por tres para encontrarme algún despropósito en forma de ventilador obturado por un disco duro mal puesto u otra cosa similar.

Y no nos atrevemos a quejarnos, porque lo mismo la próxima máquina que nos manden es todavía más incómoda.

Y no nos atrevemos a quejarnos, porque lo mismo la próxima máquina que nos manden es todavía más incómoda.

El escáner vuelve de la tumba

En estos últimos tiempos me da la impresión de estar volviendo hacia atrás en el tiempo, como si hubiera traspasado alguna brecha cósmica.

En mi trabajo se ha decidido continuar con un proyecto que teníamos aparcado desde hacía casi cuatro años, y de nuevo nos hemos tenido que poner en contacto con la misma empresa que lo gestionaba: la misma del ordenador recalentado del que ya hablé en otra ocasión. Así que hoy mismo han vuelto a montarnos allí otra vez la maquinita de digitalizar, con la que mi sufrida compañera del curro y yo habremos de pelearnos en los próximos meses.

A ver, a mí escanear no me supone un trauma (siempre que sea en unas condiciones laborales adecuadas), pero a lo que le temo es al “soporte técnico” que vamos a tener, que como sea igual que el de la otra vez, voy a pasarme más rato con el destornillador en la mano que digitalizando fotografías. Y luego encima querrán meternos prisa y que terminemos el trabajo ayer.

Pero no me quejo, la verdad. Tal como están las cosas, mejor esto que nada; aunque a veces me dan ganas de tomarlo todo a tomar por do la espalda pierde el su casto nombre y empezar de cero en otro país. O, si fuera posible, en otro planeta.

Al menos habrá una cosa buena: posiblemente acabe con más anécdotas que contar en este blog, que últimamente mis lusers están de lo más calladito.