Más perdida que los de la isla

Le podría echar la culpa al trabajo, pero tampoco estoy ahora *tan* ocupada, así que asumiré, cabeza gacha y rubor de vergüenza culpable, mi dejadez a la hora de actualizar este blog.

Así que, como propósito adelantado de Año Nuevo, intentaré pasarme por aquí al menos una vez al mes, cual señora vestida de rojo de aquel anuncio. Que siempre hay alguna anecdotilla que contar…

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Por qué algunos deberían sacarse una licencia para tener ordenador

Vale, esto es un chiste que circula por ahí, pero seguro que más de un usuario y más de dos de los que conocemos son perfectamente capaces de hacer una cosa así.

Por si no estáis muy duchos en el idioma de Chespir, os pongo la traducción del texto. De nada.

«nvidia 7800 no funciona

Compré una de estas e intenté ponerla en mi dell dimension 2350. Mi amigo dijo que la parte brillante de metal de abajo parece que tiene líneas porque se corta por las líneas si no encaja. Así que corté la parte de abajo con cuidado para que encajara en una de las ranuras de mi ordenador. Ahora no funciona. ¿Lo corté mal? Pondría fotos, pero no tengo cámara. ¿Hay alguna manera de que pueda arreglar esto? Gracias por la ayuda.»

(Visto en izismile.com)

dioses

Vaya temporadita

Ya lo sé, ya lo sé; hace bastante que no actualizo, pero entre que últimamente mis pringuers están muy tranquilitos, y que en el curro se nos ha echado encima un proyecto que hay que presentar para ya mismo, no he podido sacar ni un triste tema medio interesante para darle vidilla a esto.

Sin embargo, no creo que esta época de sequía dure mucho. Y si dura… pues espero que seáis lo mismo de irreductibles que Enjuto Mojamuto:

La mente del luser

Hoy os ofrezco un documento verdaderamente espeluznante: una mirada fugaz, pero no por ello menos horrible, a los oscuros recovecos de la mente de un luser. ¿El sujeto de estudio? Yo misma.

Si bien con la informática me defiendo más o menos bien, dentro de unos límites, con otras cosas no necesariamente tengo la misma gracia. Y, a la hora de organizar la logística casera, puedo ser tan borrica como el que se extraña de que el ratón USB no funcione tras haberlo encajado a martillazos en el conector PS/2.

Debido al ingente volumen de libros y documentación varia que he ido acumulando a lo largo de los años, decidí ir a un conocido centro comercial a comprarme una estantería para montarla en casa. Hasta ahí, bien: escogí un modelo no muy grande, lo metí en el carrito, lo pagué y a la calle.

Y entonces llegó el problema: no tengo coche, así que fui a coger un taxi con el mamotreto a cuestas. Pero me dice el taxista que la estantería, de 1,80 de alto, no cabe; que ni echar los asientos para abajo ni flowers. ¿Y qué hago yo? ¿Volver al centro comercial y pedir que me lo manden cómodamente a casita? ¡Nooooo! Pensar, por llamarlo de alguna manera: “Bueh, total, estoy a veinte minutos de casa y esto no pesa tanto; yo me planto ahí en dos patás“. Cojo mi mueblecito desmontado, con un peso de 25-30 kilos, y echo a andar avenida abajo. Y, oye, al principio iba bien: una va al gimnasio y tiene sus musculitos, así que estaba yo toda confiada en que llegaría a casa sólo un poco cansada y con la satisfacción del deber cumplido. Ahí, como una campeona.

ERROR.

No llevaba ni la mitad del camino cuando me empezaron a doler los brazos. Poco después, el dolor se extendió a la espalda. El ritmo de mi marcha se ralentizó bastante, porque cada medio minuto me tenía que parar. Llegó un momento en que apenas si podía levantar aquel peso, con lo que lo llevaba casi a la rastra. Y llegó la punzada en la zona del deltoides, cuando todavía me faltaba un buen trecho para llegar.

En ese momento terminó mi “momento luser”, porque me di cuenta de que había hecho el gilipollas (un luser de verdad, como sabéis, jamás alcanza esta fase). Así que allí me veis, con dolores musculares generalizados, sacando el móvil del bolsillo y llamando a la caballería (la caballería, por cierto, actuó con prontitud, eficiencia y una dosis de cachondeo que va a durar hasta que me jubile, pero es lo menos que me he ganado).

¿Qué me ha enseñado esto, aparte de que no soy Mariusz Pudzianowski? Algo importantísimo a la hora de hacer de SAT oficioso: cómo funciona la mente de un luser; por qué alguien es capaz de perpetrar una enorme cagada pensando que lo está haciendo mejor que nadie. El exceso de confianza en las propias posibilidades, basándose en una o dos veces en que se ha hecho algo bien (en mi caso, el entrenamiento de pesas en el gimnasio), y la creencia -errónea- de que esos éxitos son extrapolables a cualquier situación. No es lo mismo saber escribir un trabajo de clase en el Word que cambiar una tarjeta gráfica, de la misma forma que no es igual hacer levantadillas de 30 kilos que cargar con esos mismos kilos a cuestas durante un trayecto de veinte minutos.

Al menos la historia acabó bien: la estantería ha quedado la mar de cuca en mi sala de estar, y yo sólo he escapado de esto con una contractura muscular king-size en la espalda y un par de hematomas en los brazos. Podría haber sido peor. En fin, voy a ponerme otra pasada de Algesal.

Uno que no tendría problemas transportanto estanterías por la calle.

Uno que no tendría problemas transportando estanterías por la calle.

La máquina del tiempo

Que no, H.G. Wells, que no. Que la cosa ésa de la que hablabas en tu famoso relato, ni era máquina del tiempo ni . A ti te daba yo, cuando estás acostumbrado a utilizar un ordenador decente con una conexión a internet de 10 Mb/s (teórica; rara vez sube de seis y medio), tener que manejarte con un portátil roñoso y con una conexión 3G que, dada la lejanía a cualquier punto de civilización, se pone como mucho a 52 Kb/s.

La simple tarea de mirarme el correo estos días que he estado de vacaciones en casa de mis ancianos y venerables padres ha sido lo más parecido a aquellos tiempos en los que me conectaba a internet con un módem RTB de toda la vida. Hablar de “lentitud” a la hora de leer un mensaje de texto sencillo sería hacer gala de mucha magnanimidad. Mi madre se lo toma con otra filosofía:

“Sí, va muy lento, pero yo entre que veo una página y otra aprovecho para hacer crucigramas”. Y me señala un cuadernillo de autodefinidos y un boli que tiene al lado del ordenador.

Menos mal que sólo han sido cuatro días, porque si no me veía haciendo horas extra para contestar a todos los correos que se me han acumulado. Por lo menos me he hinchado de pasear por el campo, y ahora traigo hasta buen color, y todo. A ver cuánto tiempo tardo en volver a convertirme en un fiero Morlock subterráneo, una vez de vuelta al futuro…

Me voy de puente

Aprovechando que tengo unos diítas libres en el trabajo, me voy a tomar unas mini-vacaciones. Y además, al campo, a relajarme a lo bestia, a hacer deporte al aire libre, a estar en contacto con la naturaleza y a acordarme de la **** madre de los bichos que me van a dejar señalada. No me podré conectar mucho, así que guardadme el chiringuito hasta que vuelva. 😉

Eso sí, os dejo con una buena compañía: la de este banner.

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Resistir es vencer. Que lo dice un amigo mío. 😀

Yo también he caído

Vaaaaaaaale, venga, lo confieso: he caído en el vicio de moda (gracias a “El Destornillador“) y me he creado una cuentecita en Facebook. El caso es que te pones a buscar y eso engancha que da miedo… Bueno, esperemos que mi vida social off line no se resienta demasiado.

Por ahí al lado he dejado un enlace a mi perfil, por si alguien no tiene bastante con leerme por aquí. 😉